sábado, 10 de noviembre de 2007

Apunte callejero de Oliverio Girondo

Ed, el estudiante de Filosofía que toca percusión, te dice con los ojos abiertos (de marrones que son) que a él también le encanta la primera película de los Cohen. Y hablamos de los títulos de las películas y de sus desacuerdos en ambos idiomas. Y Ed la percusión no la toca, la juega, porque los verbos también discuten. Me voy a Chile el semestre que viene, por eso estoy aquí para practicar el español. Y Jesse apunta todas las expresiones que digo sin querer y he traido, de repente, un libro. Se lo dio su profesor argentino. A ver si me ayudas... que quiere decir senos bizcos. Bizcos. Y Ed tampoco entiende la palabra. ¿Vistos? Sí, bizcos. Escribió esto en los años 20. Y me enseña la portada del libro. Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, de Oliverio Girondo. Me da para que lea. Y leo. Apunte callejero. No venga Jesse, léelo tu. Y Ed escucha. Más marrones aún.

En la terraza de un café hay una familia gris. Pasan unos senos bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas. El ruido de los automóviles destiñe las hojas de los árboles. En un quinto piso alguien se crucifica al abrir de par en par una ventana.Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes, que se me entran por las pupilas. Me siento tan lleno que tengo miedo de estallar... Necesitaría dejar algún lastre sobre la vereda...Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto, se arroja sobre las ruedas de un tranvía.
Oliverio Girondo

Gracias por la tertulia, Diana. No, gracias a vosotros, por Oliverio, cuyas palabras son un proceso químico. Gracias por el revelado.Y se van, el uno, con su album de letras; el otro, marrones todavía.